Canción antes de mi viaje
Alguien está cavando mi tumba, impreciso y casi real, veo como, desecho por el llanto, toma la pala en aquel cementerio oscuro, de noche y cava un sitio, donde aguarda un ataúd a su costado. Él no me ve, estoy cerca, casi tocándolo, y no percibe ni mi aliento, ni siquiera como mi sombra atraviesa la suya bajo la luz de la luna llena.
Acontecer importante al parecer; la gente me llora y yo, con mi vestido de novia, caigo en mi propia pena, admiro mi rostro semi-sepultado y cómo él me trata de tocar sobre el vidrio que me protege. Sus lágrimas tocan el cristal, y lo traspasan como si fueran mías, y cálidas las siento en mi rostro, me desvanezco entre la gente, que no hace nada más que darle las condolencias a él. Me siento apartada del lugar, estoy introducida en mi propio funeral: ¡Oh Dios! Dime si no es cierto esto…
Pensé dos segundos antes de poner mi mano sobre el hombro de él. Al hacerlo, quedé entre su piel, mi mano no se veía y a su vez atravesaba su omóplato. No solté más que una lágrima al no alcanzar su cuerpo, pero sí mi tristeza. Es crudo ver cómo te sepultan, incluso sin tener conciencia de que haz muerto. No recordaba nada de eso; ¿No he sido lo suficientemente despierta para notarlo?
Desperté dentro de mi cuerpo, exaltada por lo que había visto, llevé mis manos ante mi rostro, y con un suspiro me precipité a ver el reloj: diez de la mañana, tarde ya, pero temprano según mi sueño.
No hacía nada más que admirar mi cuerpo ante el espejo, tocarme y sentir mi suave piel, lo mucho que me ha costado cuidarla para que un día sea roída por gusanos y pequeños organismos vivientes que se apoderarán de mi cuerpo, después de mi muerte, y todo parecerá en vano, casi olvidada permaneceré en un sitio vacío, sola y si logro tener suerte, puede que una o dos personas me visiten anualmente, claro, luego de la agonía y el daño que les provoqué, ya que no va a ser fácil que se den cuenta que ya muerta, hago falta en sus vidas. Pero quizás no es falta, sino que será parte de su rutina extrañarme con el paso del tiempo y luego olvidarme. Nadie recordará que morí con un vestido de novia a medio terminar, o que mis ansias de ser feliz se consumieron tras el rostro de quien me lloraba y a quien no podía tocar.
El espejo es sólo mi fiel testigo de la soledad en la que vivo. Encontrarse sola no es nada más que una realidad subjetiva, puede que al observarme no vea más que la exterioridad, así como me ven todas las personas al pasar por la calle, pero sé que no soy sólo eso… En realidad ¿Qué soy? o ¿Por qué soy así? ¿Tengo oculto mi exterior o no hay nada más allá?
Es difícil pensar que el éxito te consume, que tener una buena profesión y un buen trabajo sea la base de la felicidad; pero no son más que fomentar el vacío en el que caigo con cada tarde, cuando medito con el rojo ocaso en si la sangre es mi solución o me equivoco. Puedo arremeter los dolores como mis pacientes lo hacen, creo que caigo en la humanidad actual. ¿Una sicóloga loca? Sería un caso insólito.
Sacar el dolor con la furia de mi soledad incomprensible tras el daño corporal. Herir mi piel para que sea más fácil en la putrefacción a la vida que llevo; sentir como el viento en mi cara, de frente me golpea y juega conmigo a querer empujarme a un vacío imaginario, ese que se presenta cuando camino entre toda la gente y él me arrastra de un brazo para no tropezarme. Me retiene.
No fue más que casualidad la forma de conocerlo, se presentó en un sueño de medianoche, cuando perturbada mi mente por el caso de un joven me vine a mi casa, pensando en soluciones y en mi descanso. Rondé mi cama, seguí mi rutina; cambié de posición y morí en mi almohada, caída en un suspiro dulce, en esa sensación estimulante del vacío interno y la mezcla de emociones, un futuro previsto tras un reloj que marcaba las doce de la noche; sin pensar más, me acomodé al lado derecho y abrazada a la soledad caí en su compañía.
Veía a un hombre, su silueta ante mí, con su mano me llamaba y no lo tomé en consideración alguna, siguiendo mi camino asustada por el más allá y como todos los días, esa habitual caminata. Me siguió, gritó que me detuviera, sin saber mi nombre, y lo hice; una fuerza me llevó ante él y caí en sus brazos desesperada por mis ansias de soledad, ahí le veo todas mis noches por el camino hacia mi perdición. Recuerdo cómo me salvó con su abrazo y los besos que me llenaron el corazón, ese que lo tenía enmudecido por el deseo inesperado y la pasión confundida de llenarlo pronto y a la vez la tardanza de lo que tanto busqué.
Sorprendida sigo, y el reloj avanza como la llave de agua sobre los platos. Un plato de almuerzo y uno de la once de anoche, junto con un vaso y una taza. Así perdura mi tiempo y agoto mi aburrimiento… Sola, esperando a la muerte, y lamentando el presente.
Salgo de mi sitio, el departamento que ha soportado hasta mis grandes ataques, por el suelo en el que he llorado, que he botado mi sangre, he magullado mis rodillas y agolpando mi cabeza en la pared. Soy tan lastimosa, que mi sitio ha aguardado mis lamentos ocultos, y no es más que mi cárcel inconsciente de la que gozo estar, y a veces es la tormentosa celda de cuatro paredes en donde logro vencerme, donde pretendo recurrir a los nueve pisos bajo el mío, y que el cielo y el viento guíe mis pasos, aunque sé que ese no sería mi acierto.
Camino, y en mi cabeza no hay más que imágenes subrayadas por la vía, gente y niños; asombrosas criaturas que parecen indefinidas según mi interior, como desconocidos, de otro planeta quizás, y a la vez, indefensos. No conocen el mal, las bajadas de ánimo o los tormentos de lo que es capaz la mente humana para autosatisfacer el afecto y sacar del cuerpo lo que no puede el alma.
Como novedad voy feliz (eso es increíble, casi nunca lo siento ni demuestro), sé que moriré al cruzar la calle en la cual estoy ahora, que me atropellará un auto y caeré en coma; que el ser que amo y que me ha ayudado en mi locura temporal quedará solo, así como lo estoy yo; a pesar que su compañía irradia mis noches, los días se nublan al pensarlo tan lejano. Lo veo en mi inconsciente, sin duda estoy decayendo. Cuesta admitir que la mente crea imágenes que estoy dispuesta a obedecer sin quererlas. Mi afán no era caer en visiones, y menos mezclarlas con mi vida, o saber que mi vestido de novia, ese que permanece en su caja, arriba del armario, a medio terminar, con detalles que se ajusten a la medida de mi cuerpo roído y arañado por mi misma, jamás será usado.
Soy un fracaso de persona, ni eso he conseguido. Mi éxito es efímero si no tengo la capacidad de ayudarme a mi misma escuchando las historias de los demás. No tengo nada más que un futuro procreado, o una realidad, al menos, complaciente.
Llena de indecisiones firmes y con un beso al aire para quien amo silencioso. Cuando el semáforo está en rojo, el viento me tira a la pista, se precipita a mí un vehículo, cierro los ojos. Un golpe en la espalda, la sangre se agita y paraliza mis piernas al caer agolpada contra el asfalto es posición fetal ante el auto; escucho bocinas, gritos y congestión vehicular, ¿Será que hasta en mi agonía nadie me acompaña y sigo incomodando?
En mi inconsciente asociada a la razón nace una lágrima ante mis ojos, y por ella veo a mi hombre, ese que tanto pienso y sueño. Se arrodilla, toma mi mano y llora. ¿Será un sueño más o en realidad existía?
La sensación de los gusanos me invade, despierto sorprendiendo a uno de ellos en mi muñeca, la misma llena de cicatrices anteriores. La carencia de oxígeno me inunda, me apreso en el mal olor de mi cuerpo. No soy capaz de librarme de mis propias cadenas de muerta.
En mi vida me encerré, nunca fue fácil estar sola, sin apoyo. En mi mente te llamé tantas veces, que enmudecí de pena y melancolía; nunca me escuchaste, nunca respondiste un susurro de los míos, y es así que ni la soledad me quiso acompañar, y esta misma me llevó a morir. Ni ella vio mi ausencia.
Y ni siquiera él me ha visitado en estos años que han pasados. Y yo lo sigo esperando junto a mi dolor…
Ese es el cuento q escribi para la UDP; para el concurso Literario de la Revista El Grifo... Fue una buena experiencia crearlo, ya que no tenía inspiración hasta que me llegó algo como una lucesita y salio esto de las noches en pensamientos vagos y la hora de Matemáticas y Sicología...
me apure haaarto pa terminarlo, y ahi ta. Lo entregé el ultimo dia, tuve que ir yo el Jueves... Pero valio la pena.
Ese dia que fui al centro a entregarlo con mi mamá (Acompañandola x mas tramites), me dijo en la micro que lo había leido, y que se habia emocionado (Normalmente no le muestro mis escritos a nadie, no se, encierro mio...), que se habia puesto a llorar con el final, porque pensó que eran cosas que me habrían pasado. Probalemente (Como le expliqué a ella) sea porque la mayoría de lo que escribo ,humildemente, es un reflejo, o basado en algo, aunque sea pokito mio. Puede que en este texto, sea la desesperación, ese lamento eterno que se acaba con la muerte; las ansias y la forma de no olvidar el pensamiento, de dejarse llevar por él, así sea terminando destruyéndonos. En realidad, más que por algo creo que todos hemos apsado por algo así.
Con todo esto, mis esperanzas con la Literatura van surgiendo. Sin tendría 100 luks me metería al curso de la Uni de Chile sin pensarlo 2 veces, pero como no las tengo, no lo pienso ni lo sigo soñando...^^
Ummmm... No muxo mas q anotarrr!! En realdiad ha sido un día más que pesado, estoy cansaditap, asim que ganas de nada... Semana full, kiero descanso... ^^
Derrepente la melancolia se invade de mi, pero no dejaré que me venza!!
Vale Clau x todo te kero muito!!, y más que mal, sé que encontraré lo q busko, o que me encuentre esa persona kien sueño o pienso... En realidad, paranoia mia...
DulcE-CondenA
Lore! ^^
Porque me encanta el cariño??
Es una necesidad tán básica como el manantial de agua de tu boca,
La sombra de tu refugio,
O el calor de tu piel.
Necesito cariño...
Esta falencia me tiene baja de animo, de estima y de energia para mis agitados días...
Alguien que me kiera como kiera que me kiera??